Fotografía de Jenny Rodriguez (Quito 2008). Archivo fotográfico AZC, Cementerio Calderón.

Una celebración donde dialogan los vivos con los muertos

Las fiestas se preparan con anticipación, y la de finados no es la excepción. En tiempos de las abuelas, la misma colada morada era tarea de semanas: había que “acedar” la harina de maíz negro,…

Las fiestas se preparan con anticipación, y la de finados no es la excepción. En tiempos de las abuelas, la misma colada morada era tarea de semanas: había que “acedar” la harina de maíz negro, es decir, ponerla a fermentar. Por eso hay quien dice que la colada morada es prima de la chicha y que quizá vino desde Cuzco, con los Incas.

También durante las semanas previas al 2 de noviembre se recogían los frutos que hacen dan su sabor a la colada. Moras y mortiños son indispensables, se incorporan frutillas, naranjillas, piña, babaco… Y el aroma del ishpingo, al que se suman la pimienta dulce y el clavo de olor.

ISHPINGO, ESPECIA CLAVE EN EL SABOR DE LA COLADA MORADA 

 

Esta mezcla de especias es un signo del carácter mestizo y barroco que tiene la colada morada. Tomar esta espesa bebida dulce es de rigor tras la visita a los difuntos en el cementerio, de vuelta en el calor de la casa.

El ritual doméstico también incluye la hechura de la guaguas de pan. Es una de las ocasiones propicias para que toda la familia se reúna, en torno a la harina, los huevos, la manteca y la levadura. Se necesitan brazos fuertes para amasar y manos delicadas para dar forma a las guaguas.

Aunque los resultados que deje el horno no son siempre seguros, ese pan recién salido y hecho entre risas no tiene precio. Adornadas mucha veces con espumilla de colores –para darles ojos y sonrisas y manos a las guaguas– y rellenas de dulce, estas figuras son parte del imaginario de la ciudad, de su tradición y de su identidad.

Según las investigaciones de Bolívar Romero que Mario Vásconez comparte en su blog, en lo que hoy es Ecuador y Perú este era el Ayar Marca (tiempo de los muertos). En esta fiesta sacaban a pasear en andas a las momias de sus caciques o antepasados importantes.

LAS GUAGUAS DE PAN NACEN DE LA COSTUMBRE INCAICA DE CONSERVAR MOMIAS DE LOS PERSONAJES RELEVANTES DE LA VIDA SOCIAL Y FAMILIAR

 

Luego de la procesión, se realizaba una comida comunitaria, compartiendo alimentos, los vivos en presencia de los muertos, los cuales se suponía, participaban desde su otra existencia.

Con la conquista española, la iglesia prohibió las procesiones con los muertos. La cultura popular suplantó las momias y, según Romero, de ahí nace el pan de finados: una figura humana sin brazos ni piernas, con unos adornos que recuerdan las cuerdas que liaban el cuerpo del difunto.

La comida, en realidad, está en el centro de la celebración por el Día de los Difuntos que, cada 2 de noviembre, tiene su cara más visible la colada morada y las guaguas de pan. La conmemoración de finados es un día para compartir, para dar y recibir.

Esa es la razón de la visita a los cementerios, en las cuales se llevan ofrendas a los difuntos. El caso quizá más espectacular es el del cementerio de Calderón. Aunque es ahora parte del tejido urbano quiteño, esta parroquia del norte de la capital ecuatoriana fue hasta hace pocas décadas un territorio completamente rural.

Las calles de piedra hoy son vías asfaltadas y construcciones de concreto han reemplazado las casas de teja. Pero en Calderón los finados eran y son todavía la fecha más importante del calendario.

En esta comunidad se mantiene la tradición de preparar la “uchucuta”, una mazamorra de maíz, fréjol, papa y col. Se la lleva en recipientes de barro y se la pone sobre la tumba del difunto, se reparte también entre los acompañantes, como agradecimiento por su presencia.

CELEBRACIÓN DE LOS DIFUNTOS EN OTAVALO. LA COSTUMBRE CRUZA TODO EL TERRITORIO ECUATORIANO.

 

Si se festeja bien al difunto este ofrecerá su protección y durante el año siguiente. Este cuidad tomará forma de buena lluvia y ricas cosechas. También será un guardián para que la vida personal de las personas vaya bien.

En Calderón hay otra costumbre que se deriva de los finados que ya es parte de la identidad misma de la parroquia. En tiempos pasados se fabricaban figuras de mazapán no comestibles para llevar a los difuntos, como parte a celebración.

Se las regalaban a los niños y se intercambiaban dentro de las familias. Hoy son el principal producto artesanal de la comunidad, que innova permanentemente en motivos y diseños.

El chaguarmishqui es una bebida dulce que acompaña el ritual de comer junto a las tumbas. Su nombre se debe a la miel se extrae del penco negro o agave americano y, como la colada morada original, demanda paciencia y conocimiento.

Son principalmente las mujeres quienes extraen de los pencos o cabuyas este líquido dulce. Cuando la planta está madura se la puede “chaguar” o sangrar para sacar el almíbar, lo cual se puede hacer solamente una vez (durante unos treinta días) y luego el penco muere.

TERESA QUISHPE DE LA COMUNIDAD DE PINGULMÍ, PARTE DEL EMPRENDIMIENTO QUE RECUPERA EL USO DEL CHAGUARMISHQUI.

 

Con el “mishqui” (voz quichua para dulce o azúcar) se hace una bebida ligeramente fermentada: al visitar a los difuntos se derrama un poco junto a la tumba, si se absorbe todo es que el finado tiene sed y hay que poner más.

En  todo Ecuador y en Quito en particular la celebración de finados es muy importante. Cuando los conquistadores españoles llegaron a América, según relatan los cronistas, les llamó la atención que también los habitantes del continente celebraran a los muertos. Empataron estos rituales con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.