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La reserva natural y cultural del Distrito se toma el Itchimbía

Color y alegría trajeron las parroquias rurales de Quito al Verano de las Artes 2017 en el parque Itchimbía. Justo al mediodía del sábado 19 y del domingo 20, las comitivas de 17 parroquias llegaron…

Color y alegría trajeron las parroquias rurales de Quito al Verano de las Artes 2017 en el parque Itchimbía. Justo al mediodía del sábado 19 y del domingo 20, las comitivas de 17 parroquias llegaron con su música, sus trajes y su danza. Realizaron una toma simbólica de la plaza del reloj solar.

Llegaron desde los rincones de Quito: del noroccidente cálido y desde el borde de las nieves del Antisana. Trajeron su fe religiosa y su memoria, sus personajes propios y los sonidos que los representan.

Vienen del otro lado del territorio, la fuente de agua pura, alimentos y colchón de oxígeno, reservorio natural y cultural que corresponde al 80 por ciento del Distrito Metropolitano. Ahí vive aproximadamente el uno de cada tres quiteños.

Cada comitiva estaba integrada por alrededor de 50 artistas, bailarines, músicos y personajes tradicionales. Reunidos al pie del parque, listos para su desfile, compartían el nerviosismo y se tomaban selfies con el guapo Pichincha al fondo, con sus faldas vestidas de casitas.

Muchas parroquias desfilaban precedidas de su banda de música popular: no podía faltar, tomando en cuenta que en las parroquias tiene una función social clave. La banda acompaña el bautizo, el velorio, la inauguración del monumento, el campeonato de fútbol…

Tras la banda las bailarinas, casi todas mujeres. Ponchos de colores, trajes propios de yumbos y de arrieros, zamarros y cintas bordadas. Un abanico de distintas expresiones culturales expuestas como en un joyero.

En el cierre de la presencia rural en el Itchimbía durante el primer fin de semana, una especial delegación aportó con un elemento fundamental de la tradición cultural de los Andes ecuatorianos.

Desde el barrio Ushimana, de la parroquia de Alangasí, llegó Fernando Pacha, un joven músico que mantiene vivo el sonido del pingullo, una flauta andina de sonido característico. Las comunidades las usaban especialmente en las fiestas.

El pingullero toca su flauta andina y marca el ritmo con un bombo. Sirve de guía en desfiles, ceremonias y celebraciones. Aunque en los últimos años pareció que la tradición se iba perdiendo, esto es una muestra de que este patrimonio continúa vivo y vigente.

Reunidas en la plaza del reloj solar, las comunidades festejaron su encuentro. La fiesta se volvió multicolor y la música se alternaba entre una banda y otra. Éxitos musicales actuales, en sus versiones para la agrupación popular, fueron alternándose con los compases más tradicionales.

Esta ruralidad mestiza, inquieta, potente, debe ser cuidada y protegida por la ciudad. En el XXV Encuentro de las Culturas de las Parroquias Rurales se mostró una vez más la riqueza ecológica, artesanal y agraria que tiene la ruralidad. La fiesta mayor del Encuentro, realizada en la parroquia de Atahualpa el 5 y 6 de agosto, fue el programa inicial del Verano de las Artes 2017.

La presencia de la ruralidad puso un punto especial de color a las celebraciones en el parque Itchimbía. Las parroquias confirmaron su condición de reserva de memoria y patrimonio cultural intangible de la ciudad.

El próximo fin de semana, el 26 y 27 de agosto, las otras 16 parroquias rurales del Distrito Metropolitano serán parte de la celebración del Verano de las Artes en el parque Itchimbía.