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Las mujeres que volaban, en formato de teatro musical

Entre la farsa y la ternura, la memoria se recupera. Las Voladoras, “teatro musical por el delirio de volar”, le abre al público una puerta para viajar en el tiempo. La historia, una fotografía sepia…

Entre la farsa y la ternura, la memoria se recupera. Las Voladoras, “teatro musical por el delirio de volar”, le abre al público una puerta para viajar en el tiempo. La historia, una fotografía sepia hecha de recuerdos, es una mezcla de leyenda, cuento o conseja pasada de boca en boca en boca por generaciones. 

La titiritera Yolanda Navas es la autora y madre de la obra. En un viaje a Urcuquí buscando silencio para escribir se fue enterando de estas mujeres que sabían volar. Al menos esa era la única explicación para su prontos viajes y retornos de la ciudad, en un tiempo cuando el tiempo mismo parecía haberse detenido.

Eran los siglos pasados, pero no tan lejanos. Hasta mediados de los 1900, antier nomás. Hasta antes del teléfono. Antes de la luz eléctrica. Antes, cuando la vida se tejía a pie, con palabras y no con mensajes de texto.

En ese tiempo, en el triángulo mágico y poderoso que se forma entre Urcuquí, Mira y Pimapiro, vivían las Voladoras. En el caso de la obra, recrea un pueblito de esa zona llamado San Blas.

Yolanda cuenta que les decían también Tramitadoras, por la ayuda que prestaban con gestiones en la ciudad. Y las asociaban con los buitres. Y sin remedio, no faltaba quien las llamaba brujas.

Antes que todo eso eran mujeres libres. Así las comprende Yolanda Navas, que reconoce en sus cuerpos y en sus actos territorios liberados de la censura. Porque volaban medio desnudas. Porque eran hermosas y pícaras, y porque de sus acciones no le daban cuenta a nadie.

Con todos estos elementos ella desarrolló la dramaturgia y ha dirigido el montaje. En las tablas se reúnen para la ocasión actores y actrices de varios grupos de Quito: Juana Guarderas, Yolanda Navas, Susana Nicolalde, Patricio Estrella, José Alvear, María Estrella, Francisco Arias.

También participa el grupo Bocapelo, en su una primera experiencia como actores además de grupo vocal. La coreógrafa Amelia Poveda brindó asesoría y Sara Constante es la artífice del vestuario para la pieza; la escenografía es de Diego Jácome.

(Fotografías: Nathalie Kiyota)